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Aprender a perdonar

Pedir, lo que se dice pedir, a las mujeres nos cuesta. Educadas en la idea de que no es propio de nuestro sexo reclamar, exigir y demandar, nos hemos acostumbrado a esperar que alguien más nos proporcione lo que más ansiamos en la vida y para eso desarrollamos extraordinariamente las capacidades de insinuar, pedir con los ojos y hasta enviar mensajes cuasitelepáticos para que nos ofrezcan trabajo, matrimonio, un baile o cualquier otra deseada oportunidad.

Pero hay algo que definitivamente sí sabemos pedir: somos buenas para pedir perdón. En mis talleres de empoderamiento vemos con frecuencia cómo nos pasamos la vida disculpándonos por nuestros errores. De entrada, nos descalificamos haciéndole caso a la vocecita esa que nos dice que no somos suficientes, que lo que pensamos es una tontería, que mejor les advertimos de antemano a nuestros escuchas que nos avergonzamos de lo que estamos a punto de decir. “Síndrome del impostor” le llaman a esta sensación de vergüenza por ser quienes somos y que a muchas les impide ascender profesionalmente o lograr su cometido.

Viéndolo desde el lado positivo, la capacidad para decir “Perdóname” “Me arrepiento” “Discúlpame”, forma parte de un capital emocional que dice habla muy bien de quien lo pronuncia. Al fomentar la disculpa sincera se puede mejorar la empatía y la relación con los demás. Es una muestra de la disposición a reflexionar, aprender de los errores y procurar actuar de formas menos dañinas.

De acuerdo con un estudio publicado en la revista Psychological Science, las mujeres se disculpan más que los hombres: “Los hombres son menos propensos a decir ‘Lo siento’ no porque sean débiles, sino porque consideran que hacen mejor las cosas. … Las mujeres se preocupan más por las experiencias emocionales de los demás y en mantener la armonía en sus relaciones: por eso emiten un “Lo siento” en cada oportunidad que se les presenta”.  Es difícil perdonar, porque dicho acto está cargado de mucha emocionalidad, pero quizá por eso mismo se nos hace más fácil a las mujeres, entrenadas en expresar abiertamente nuestros sentimientos, y tan difícil a los hombres, educados para no mostrarlos.

Pedir perdón y ser perdonados no cambiará lo que ha ocurrido y no necesariamente aliviará el dolor emocional. Más aun, la decisión de perdonar no exime de pedir justicia y reclamar aquello que no creemos justo. Pero el acto de decir “Lo siento” y admitir la equivocación puede cambiar el curso de los acontecimientos.

La historia ha demostrado que, en la peor de las circunstancias, perdonar y pedir perdón para seguir adelante suele ser el mejor camino. Y mientras más temprano se haga, mejor para todos. Son valores feministas que bien podemos abrazar como muestra de la confianza necesaria para la recuperación de nuestro país.

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Susana Reina

Susana Reina

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